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"Que la crítica borre toda mi poesía, si le parece. Pero este poema, que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie." Pablo Neruda
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Las enfermedades y agonía de Antonio Machado

Un verso evocando la infancia. Un poema reescrito recordando a Guiomar. Las frases iniciales del monólogo «Ser o no ser» del Hamlet de Shakespeare. Son las últimas palabras recuperadas en arrugados papeles del viejo gabán que vestía en sus días finales Antonio Machado. La memoria de la infancia, del amor, de la muerte. De todo lo demás había sido despojado. Durante su huida de España, en la frontera con Francia, había desaparecido la maleta en que llevaba sus pobres pertenencias con los más caros recuerdos. Ya, pues, ligero de equipaje y mirando al mar, podía ser dado su cuerpo a la desnuda tierra. Como supremo y postrer tesoro siempre conservó una pequeña caja de madera con un poco de tierra de España para ser enterrado con ella. «ICI REPOSE Antonio MACHADO MORT en EXIL LE 22 FÉVRIER 1939», puede leerse en la sencilla lápida de Collioure.

Cada año se depositan en un buzón cercano las miles de cartas en todos los idiomas que llegan al cementerio de Collioure dirigidas a don Antonio Machado. Las flores acompañan permanentemente a sus mortales restos. Restos que quizá siguen esperando, como recordará su hermano José en una carta escrita dos días después de la muerte del poeta, «hasta que una humanidad menos bárbara y cruel le permitan volver a sus tierras castellanas que tanto amó».


A Machado, dolorido y solo
Estos días azules y este sol de la infancia

(Último verso de Antonio Machado,
escrito poco antes de morir)


Poeta amable de cielos abiertos,
hombre bueno de alma sencilla,
navegante del mar de Castilla,
trovador de sus pueblos desiertos.
Sus caminos recién descubiertos
en tus rimas se hicieron semillas
y cantando por tierras y villas
verso a verso tornáronse ciertos.
Buscador de tesoros inciertos,
Don Quijote de causas perdidas,
amador de unas musas prohibidas,
soñador con los ojos despiertos.
Hondo hablaste de sus desaciertos
a las ásperas tierras queridas
y ellas sólo tallaron heridas,
golpe a golpe en tus desconciertos.
(De Guiomar y Leonor los afectos
en tropel atraviesan tu vida
y rebrotan antiguas heridas
piel y sangre quemando recuerdos.)
De equipajes ligeros cubiertos
días azules, infancias sencillas,
y desnudo, del mar las orillas,
envolvieron tus ojos ya yertos.


Muere Machado a los sesenta y cuatro años. Concluye su vida cuando su visión, antaño, recelosa, solitaria, trasciende su historia. A Unamuno le escribe: "Es verdad hay que soñar despierto. No debemos crearnos un mundo aparte en qué gozar fantástica y egoístamente de la contemplación de nosotros mismos, no debemos huir de la vida para forjarnos una vida mejor que sea estéril para los demás".

Su hermano José cuenta la indecible tragedia. Antonio Machado es enterrado lejos de aquella luz y color de Sevilla que recibieron con entusiasmo la apertura de sus ojos. José encontró en el bolsillo de su gabán el último verso que nos dejó escrito el gran poeta sevillano: "Estos días azules y este sol de la infancia". Una familia francesa les cede sitio en su nicho. "Ici repose Antonio Machado, mort en exil le 22 février 1939".


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